La creciente tensión en Oriente Medio y la falta de una respuesta sólida de la Unión Europea (UE) subrayan problemas fundamentales en la cohesión del bloque. En este contexto, se destaca la “Industrial Accelerator Act” de la Comisión Europea, que busca proteger la industria europea mediante subvenciones, lo que ha generado un choque entre las posturas de Francia y Alemania. Mientras que Francia aboga por un proteccionismo más marcado, Alemania y sus aliados nórdicos están preocupados por los potenciales aumentos de costes y las repercusiones que puedan tener en las relaciones comerciales con potencias como Estados Unidos, Japón y China.
Además, se están presentando tensiones en otros frentes, como la decisión de Francia de reducir los objetivos de producción de energía renovable en favor de la nuclear. Las discrepancias también se reflejan en el debate sobre los derechos de emisión de carbono, donde Alemania e Italia critican la excesiva regulación que incrementa los costes empresariales. Por otro lado, el Parlamento Europeo enfrenta dificultades para ratificar el acuerdo Mercosur, lo que podría forzar a Ursula von der Leyen a su implementación provisional, evidenciando las divergencias entre los intereses industriales alemanes y los agrícolas franceses.