La insistencia de Donald Trump en adquirir Groenlandia se intensifica a inicios de 2026, generando preocupaciones sobre las implicaciones geopolíticas de esta aspiración. Este interés no parece ser un capricho, sino una combinación de motivaciones personales y estratégicas, especialmente tras la reciente captura de Nicolás Maduro en Venezuela.
La situación plantea un dilema para la OTAN, dado que Groenlandia es parte del Reino de Dinamarca, un miembro de la Alianza. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha señalado que cualquier acción militar de Estados Unidos podría paralizar a la OTAN, complicando su respuesta a un ataque proveniente de un aliado hegemónico. Este escenario podría dejar a Groenlandia sin defensa efectiva y socavar la credibilidad de la Alianza.
El enfoque de Trump en Groenlandia podría estar ligado a su creciente necesidad de consolidar poder interno, a medida que se estrecha su margen político. La reiteración de su mensaje, junto con el nombramiento de un enviado específico, sugiere que esta obsesión podría tener repercusiones significativas en la política internacional.