El 1 de enero de 2026, Bulgaria comenzará a utilizar el euro como moneda oficial, un cambio que llega en un contexto de inestabilidad política y económica. La confianza de la población en esta transición es baja, ya que solo el 50% de los ciudadanos creen que el euro ofrecerá estabilidad a su economía. Esta situación se agrava tras la reciente dimisión del Gobierno del primer ministro Rosen Zheliazkov, quien renunció en medio de protestas contra la corrupción y las políticas económicas del Ejecutivo.
A pesar de que el PIB búlgaro ha mostrado un crecimiento anual del 3%, el país enfrenta desafíos significativos, incluido un descenso del 5% en las exportaciones y una caída de la producción industrial de hasta el 13% en 2025. Bulgaria, que ocupa el último puesto en PIB per cápita en la UE, se sitúa en torno al 66% de la media europea, lo que plantea dudas sobre su capacidad para incrementar la demanda de bienes y servicios del resto de Europa.
Para facilitar la transición al euro, el Gobierno había declarado dos días festivos adicionales, aunque ahora es un Gobierno en funciones. La sede del Banco Central Europeo en Fráncfort se ilumina con los colores de la bandera búlgara, mientras el país se enfrenta a un futuro incierto en el marco de la eurozona.