El fenómeno del greenhushing, que implica la reticencia de las empresas a comunicar sus logros en sostenibilidad, ha surgido coincidiendo con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Este silencio verde se debe a la preocupación de las compañías por ser asociadas con movimientos considerados "woke". A pesar de esta tendencia en Estados Unidos, los inversores europeos se mantienen firmes y continúan apoyando el mercado de bonos verdes.
Grandes entidades como el fondo soberano noruego y varios bancos que son importantes compradores de estos bonos no se ven afectados por esta nueva corriente. En contraste, en enero de 2025, BlackRock, la mayor gestora de activos del mundo, se retiró de una alianza clave para combatir el cambio climático. Asimismo, bancos estadounidenses como JPMorgan y Citigroup han abandonado la Net Zero Banking Alliance, lo que refleja un cambio en la postura hacia la sostenibilidad en el país.
Los expertos destacan que en Europa, el mercado de bonos verdes se ha vuelto más riguroso en términos de credibilidad y calidad. Según Rodrigo Pérez de Deloitte, las emisiones de deuda verde son un indicador de la disciplina interna de las empresas, ya que obligan a una gestión adecuada del capital destinado a proyectos sostenibles.