La primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, ha comunicado la suspensión temporal del impuesto de circulación, un tributo que afecta a la propiedad de vehículos y que es muy impopular en el país. Esta medida, que se implementará inicialmente durante un año, beneficiará a 14,5 millones de conductores, lo que representa aproximadamente el 70% del parque móvil italiano. El coste estimado para las arcas públicas asciende a 2.362 millones de euros.
La exención se aplicará a vehículos de pequeña y mediana potencia, es decir, aquellos que no superen los 80 Kw, independientemente de si son diésel, gasolina o híbridos. También incluye ciclomotores de todas las cilindradas. Cada ciudadano podrá beneficiarse de una única exención, y en caso de poseer varios vehículos, el ahorro se aplicará al de menor potencia. Si los vehículos tienen la misma potencia, la exención se aplicará solo al que tenga la tasa más baja.
Meloni justificó esta decisión señalando que parte de los recursos que se destinaban a mitigar el aumento del combustible ahora se utilizarán para implementar esta nueva medida, que ha sido concebida principalmente para aquellos que utilizan su vehículo a diario para desplazarse al trabajo o llevar a sus hijos. Además, destacó que su gobierno está comprometido con la reducción de la carga fiscal, contrastando esta acción con propuestas de impuestos sobre la riqueza por parte de otros sectores políticos.
A pesar de la intención del Gobierno de convertir la exención en permanente en los próximos Presupuestos Generales, la oposición ha criticado la medida, considerándola una estrategia electoralista. Sin embargo, muchos ciudadanos italianos ven esta suspensión como un alivio en tiempos de dificultades económicas.
El impuesto de circulación se abona anualmente en Italia, independientemente de la frecuencia de uso del vehículo. Esta recaudación es gestionada por las regiones, lo que añade un nivel de complejidad al sistema fiscal del país. La decisión de suspender este impuesto se produce en un contexto donde los ciudadanos italianos, al igual que en otros países europeos, enfrentan desafíos económicos significativos, incluyendo el aumento de los precios de los combustibles y la inflación.
Contexto: En los últimos años, la economía italiana ha enfrentado múltiples retos, incluyendo el impacto de la pandemia y el aumento de los precios globales. El Gobierno italiano ha estado buscando formas de aliviar la carga financiera de los ciudadanos, mientras que las elecciones generales previstas para 2027 incrementan la presión sobre los partidos para proponer medidas que sean bien recibidas por el electorado. La BCE y otras instituciones están vigilando de cerca las políticas fiscales italianas, dado que cualquier cambio puede afectar la estabilidad económica del país.