El déficit público en España se situó en el 2,18% del PIB en 2025, marcando el mejor registro desde 2008. A su vez, el Estado logró un superávit primario de 3.534 millones de euros, lo que no ocurría desde hace dieciocho años. Sin embargo, la deuda pública alcanzó el 100,7% del PIB, un máximo histórico en términos absolutos, lo que plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de estas cifras.
La recaudación tributaria alcanzó un récord de 325.356 millones de euros, un incremento del 10,4% respecto al año anterior. Los ingresos por IRPF se elevaron a 142.466 millones (+10,1%) y los del IVA a 99.532 millones (+9,9%). Esta situación ha llevado a que el Gobierno hable de consolidación fiscal, aunque los datos sugieren que la mejora del déficit no se traduce en una reducción real de la deuda acumulada.
A pesar de la celebración de estos resultados, la comparación con otros países europeos revela un panorama preocupante. La deuda española supera la media de la eurozona, que se sitúa alrededor del 88% del PIB, y es significativamente mayor que el 63% registrado en Alemania. Desde el 36% del PIB en 2007, la deuda ha casi triplicado su tamaño en menos de dos décadas.