El presidente del Consejo Europeo, António Costa, está en medio de una gira por las capitales europeas, con el objetivo de discutir las prioridades de la agenda europea. Hasta la fecha, ha mantenido reuniones con 25 de los 27 líderes europeos, con la excepción de Suecia, que se ha mantenido neutral debido a las elecciones, y los Países Bajos, cuyo representante, Rob Jetten, tuvo problemas de agenda. Este año, el foco principal se centra en el nuevo marco financiero plurianual que debe ser acordado para finales de 2026.
Costa se enfrenta al reto de equilibrar las posturas de España y Francia, que abogan por un presupuesto más ambicioso, contra la demanda de contención fiscal de los países frugales, liderados por Alemania y los Países Bajos. En el próximo ciclo presupuestario, que abarca de 2028 a 2034, España se convertirá en un contribuyente neto a la UE, lo que complica aún más la negociación.
En una entrevista con el medio Politico, Costa destacó la necesidad de fortalecer los recursos propios de la Unión Europea para reducir la carga sobre los Estados miembros. Propuso implementar impuestos europeos en áreas donde actualmente no se está recaudando, tales como las emisiones contaminantes, las empresas digitales, las criptomonedas y los cigarrillos electrónicos. Estos cambios buscan crear un equilibrio adecuado entre los Estados miembros.
Recientemente, el ministro de Hacienda español, Carlos Cuerpo, defendió en un artículo la necesidad de adoptar un presupuesto ambicioso y sugirió liberar fondos pos-COVID manteniendo la fecha límite para su pago en 2058. Esta propuesta contrasta con la postura de varios primeros ministros de Alemania, Austria, Dinamarca, Finlandia y los Países Bajos, quienes publicaron un artículo pidiendo un presupuesto más austero que el actualmente propuesto por la Comisión Europea, sugiriendo recortes en áreas como la cohesión y la Política Agrícola Común (PAC).
La situación actual refleja un conflicto en Bruselas, donde diferentes visiones sobre el futuro del presupuesto están en juego. La presión por encontrar un acuerdo que satisfaga a todos los miembros de la UE es intensa, y el tiempo se acorta a medida que se acerca la fecha límite para alcanzar un consenso.
Contexto: La Unión Europea ha estado enfrentando desafíos de financiación desde la crisis de la COVID-19, lo que ha llevado a debates sobre la distribución de fondos y la necesidad de nuevas fuentes de ingresos. El marco financiero plurianual es fundamental para la planificación de gastos en áreas clave como la cohesión y la agricultura, y su éxito dependerá de la capacidad de los líderes europeos para llegar a un acuerdo que respete las necesidades de todos los Estados miembros. La política fiscal y la recaudación de impuestos son temas que seguirán marcando la agenda europea en los próximos años.