La limpieza regular del coche no solo mejora su estética, sino que también previene daños en la pintura y la corrosión de componentes, evitando riesgos en la circulación. Los expertos destacan que el uso de agua tibia es la opción más recomendable para el lavado, ya que favorece la eficacia del jabón y ayuda a eliminar manchas sin dañar la capa de cera protectora del barniz.
Utilizar agua demasiado caliente o fría puede resultar perjudicial. En invierno, el agua caliente puede agrietar las ventanas y dañar permanentemente la pintura, mientras que el agua fría puede congelarse. Por otro lado, lavar el coche en días soleados requiere precauciones, recomendándose hacerlo por la mañana o al atardecer para minimizar el riesgo de daños por el sol.
La frecuencia ideal para el lavado del vehículo es cada dos semanas, aunque esto puede variar según el uso y las condiciones de la zona donde se conduce. Seguir estas pautas ayuda a mantener el automóvil en óptimas condiciones y a prolongar su vida útil.