El pasado sábado 22 de octubre, tres atunes gigantes de aproximadamente 300 kilos fueron hallados varados en diversos puntos de la costa de Torrevieja. Un ejemplar fue encontrado en la cala del Palangre, otro en la playa de Los Locos y un tercero en el paseo Juan Aparicio. Además, otro atún fue localizado hacia el final de la tarde en la Playa de Mil Palmeras, en la desembocadura del río Seco. La concejalía de Playas y Medio Ambiente del Ayuntamiento local se encargó de informar sobre estos incidentes y se requirió la intervención de camiones y grúas para retirar los cuerpos de los atunes.
La ubicación de los hallazgos sugiere que los atunes provienen de la costa murciana, en particular de San Pedro del Pinatar y El Gorguel, donde se ubica una de las principales zonas de engorde de atún rojo en mar abierto a nivel mundial. La corriente Almeriense-Balear, acentuada por el viento de levante, transporta estos peces hacia el norte, llegando a las playas de la Vega Baja alicantina. Los técnicos municipales, junto con la UTE Acciona-Actúa y la Policía Local, se encargaron de retirar los cuerpos antes de que llegaran los bañistas, aunque en la mayoría de los casos, estos atunes acaban siendo incinerados sin realizar una necropsia pública.
El tamaño de estos atunes se debe a un proceso específico de cría. Durante su migración, los atunes son capturados vivos en el entorno de las Baleares mediante arte de cerco. Posteriormente, son transportados en jaulas hasta los viveros, donde permanecen alimentándose con caballa y arenque congelados. Este proceso les permite ganar grasa y alcanzar precios de exportación de aproximadamente 15 euros el kilo en origen, siendo Japón su principal destino. Según la FAO, el peso habitual de entrada de estos atunes oscila entre 150-200 kilos, aunque en países como España, Italia y Malta se manejan ejemplares que pueden alcanzar hasta 600 kilos. Los atunes encontrados en Torrevieja, con un peso de 300 kilos, se sitúan en la parte alta de este proceso de engorde industrial.
El atún rojo es una especie que puede nadar a más de 70 km/h y tiene la capacidad de regular su temperatura corporal, lo que lo convierte en un pez singular. Sin embargo, esta misma habilidad lo hace susceptible al estrés en condiciones de cautividad. Cualquier captura, concentración o transporte puede provocar un estrés agudo en el animal. Problemas como golpes, falta de oxígeno, enfermedades o fallos en las redes durante el traslado pueden causar muertes que, si no se gestionan adecuadamente, quedan expuestas a las corrientes marinas.
Contexto: La pesca del atún rojo en España es una actividad de gran relevancia económica y cultural. Este pez es altamente valorado en el mercado internacional, especialmente en Japón, donde la demanda de sushi y sashimi de atún es muy alta. La regulación de su pesca y engorde es fundamental para preservar la especie, ya que el atún rojo está considerado en peligro de extinción debido a la sobrepesca. Las regulaciones impuestas por la UE y la FAO buscan equilibrar la sostenibilidad de la pesca con las necesidades del mercado. En los últimos años, el sector ha enfrentado desafíos relacionados con la gestión sostenible y la demanda creciente, lo que hace que incidentes como el de Torrevieja sean de particular interés para las autoridades y la comunidad pesquera.