Un estudio reciente en Scientific Reports revela que la Gran Pirámide de Guiza presenta una frecuencia de vibración natural de aproximadamente 2,3 Hz, mientras que el suelo en la meseta vibra a una frecuencia significativamente más baja, cercana a 0,6 Hz. Esta discrepancia es fundamental para la estabilidad de la pirámide, ya que evita la resonancia durante los terremotos.
La pirámide, construida hace más de 4.500 años, ha sobrevivido a numerosos eventos sísmicos en una región con alta actividad tectónica, un hecho notable dado que otras estructuras antiguas no han resistido. Este fenómeno se debe a su diseño arquitectónico excepcional y a la diferencia en las frecuencias de vibración entre la pirámide y su entorno.
El estudio destaca que, al no coincidir las frecuencias, la pirámide actúa como un sistema de aislamiento sísmico pasivo, disipando las vibraciones y reduciendo el riesgo de colapsos catastróficos. Este comportamiento permite que la estructura se mantenga firme, a pesar de los temblores que han afectado a la zona.