La central nuclear de Almaraz, situada en Cáceres, representa aproximadamente el 7% de la producción eléctrica de España. En los próximos días, el pleno del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) tomará una decisión sobre la viabilidad de prolongar la actividad de la planta hasta 2030. Este fallo, aunque no vinculante, es crucial para el futuro del parque nuclear español y la política energética del país.
La sociedad Nucleares Almaraz-Trillo, compuesta por Iberdrola (53%), Endesa (36%) y Naturgy (11%), solicitó formalmente en octubre de 2025 una extensión de su licencia actual, que caduca el 1 de noviembre de 2027 para la unidad I y el 31 de octubre de 2028 para la unidad II. La solicitud lleva varios meses en consideración, y el CSN está a punto de emitir su informe sobre la posibilidad de que la planta continúe operando durante cuatro años adicionales.
La decisión del CSN se produce en un contexto donde el Gobierno ya había trasladado la responsabilidad al organismo regulador. La ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, es la que tiene la última palabra para revertir el calendario de cierre establecido en 2019. La última revisión de seguridad por parte del CSN, realizada en 2020, había considerado viable la continuidad de la planta hasta 2030, lo que ofrece esperanzas a las empresas propietarias de que el nuevo informe sea favorable.
La prolongación de la vida útil de Almaraz es especialmente importante desde el punto de vista económico. Mantener la planta operativa sin realizar inversiones extraordinarias aumentaría considerablemente la rentabilidad, en comparación con los costosos procesos de desmantelamiento y la necesidad de reemplazar la producción de energía con fuentes alternativas. Esto implica que lo que está en juego en Almaraz va más allá de sus 1.683 hectáreas de terreno, que albergan reactores, edificios industriales y sistemas de seguridad.
La importancia de esta central se manifiesta no solo en su contribución a la producción eléctrica, sino también en el impacto que su posible cierre podría tener en la estabilidad del sistema energético español, que ha estado enfrentando desafíos en la transición hacia energías más sostenibles.
Contexto: La central nuclear de Almaraz ha formado parte del paisaje energético español desde su inauguración, y su operación ha sido objeto de debate en el marco de la transición energética del país. La política energética de España se ha centrado en reducir la dependencia de fuentes fósiles y aumentar la participación de energías renovables, lo que ha llevado a la revisión de licencias de operación de plantas nucleares existentes. Las decisiones sobre estas instalaciones son vitales para garantizar un suministro eléctrico estable y asequible en el futuro.