El 21 de febrero de 2025, un dron explosivo de origen ruso causó un incendio en la Central nuclear de Chernóbil, reavivando temores sobre la seguridad del emblemático lugar. Más de cien rescatistas ucranianos intervinieron en una operación compleja, enfrentándose a temperaturas extremas y radiación mientras luchaban por controlar el fuego que se había desatado en la estructura de confinamiento del reactor número 4.
Los bomberos trabajaron en turnos de apenas treinta minutos, buscando minimizar su exposición a la radiación. La operación se prolongó durante dos semanas, y los equipos enfrentaron condiciones adversas, con el agua congelándose casi al instante debido al frío intenso.
La situación evocó recuerdos de la tragedia de 1986, cuando ingenieros soviéticos se arriesgaron para prevenir una segunda explosión. Oleksiy Chuprov, uno de los rescatistas, reflejó la gravedad de la misión al afirmar que “Chernóbil sigue siendo un lugar donde el margen de error es cero”, destacando la precariedad de la situación actual.