La situación de la red eléctrica en España se ha convertido en un desafío crítico para el Gobierno, que enfrenta también problemas en el sector de la vivienda. La empresa Redeia, encargada del transporte de alta tensión, ha acelerado sus inversiones, aunque estas todavía no compensan un estancamiento de casi diez años. A pesar de las inversiones recientes, la red ha sufrido cuellos de botella y retrasos en proyectos importantes.
Entre 2015 y 2024, más del 40% de las inversiones de Redeia no se destinaron a la red eléctrica nacional, sino a iniciativas en telecomunicaciones, como la compra de Hispasat de Abertis, y a proyectos en Latinoamérica. Este desvío de recursos absorbió más de 4.000 millones de euros, mientras que aproximadamente 5.000 millones de euros se destinaron a reforzar la infraestructura nacional.
En 2019, la inversión en la infraestructura nacional alcanzó su punto más bajo, con menos de 400 millones de euros destinados a la red. Esto coincidió con los primeros signos de colapso, donde las energías renovables enfrentaron dificultades para conectarse debido a la falta de capacidad. Desde 2020, Redeia ha priorizado la diversificación, aunque en 2023, con la creciente presión del Gobierno y las empresas, se volvió a enfocar en mejorar la infraestructura eléctrica nacional.