La presencia creciente de carpas asiáticas en ríos de Estados Unidos representa una amenaza significativa para el ecosistema de los Grandes Lagos, donde la industria pesquera genera alrededor de 7.000 millones de dólares anualmente. Estas especies, introducidas en los años 70 en Arkansas como una solución para el control de algas y parásitos, han proliferado por el sistema fluvial, impulsadas por inundaciones.
Las carpas, que incluyen la carpa cabezona, la carpa negra, la carpa herbívora y la carpa plateada, son capaces de adaptarse a diversos entornos y pueden vivir varias décadas, poniendo millones de huevos. Su voracidad les permite consumir prácticamente cualquier materia orgánica, lo que interfiere con las especies autóctonas.
Ante este desafío, la Administración y ecologistas han diseñado estrategias para contener su expansión. Entre estas medidas se incluyen torneos de pesca como el Redneck Fishing Tournament, que animan a la población a capturar tantas carpas como sea posible para reducir su población en el ecosistema.