Recientemente, una loba ibérica llamada Raksha, de seis años, fue trasladada desde Basabrere en Lezaun (Navarra) al Zoobotánico de Jerez de la Frontera. Este movimiento busca enriquecer el programa de reproducción en cautividad, que comenzó en 1995, para asegurar la conservación de la especie. Sin embargo, este traslado se lleva a cabo en medio de tensiones con ganaderos, quienes enfrentan problemas debido a los ataques de lobos a su ganado.
El censo nacional indica la existencia de 333 manadas estables en España, lo que se traduce en aproximadamente 1.600 a 1.700 lobos, un aumento del 12% respecto a años anteriores. Aunque la población se concentra mayoritariamente al norte del río Duero, se ha observado una expansión hacia el sur y el este. Aún así, el país se encuentra lejos de alcanzar las 500 manadas necesarias para garantizar una adecuada variabilidad genética.
La situación ha llevado al Gobierno a catalogar el estado de conservación del lobo como "desfavorable" hasta marzo. Los ganaderos han solicitado mayores recursos para enfrentar los ataques, que han resultado en pérdidas significativas, con el Estado destinando 20 millones de euros anuales en medidas preventivas. Las organizaciones como WWF critican la gestión de las comunidades autónomas, señalando falta de transparencia y avances insuficientes en la implementación de la Estrategia Nacional de 2022.