La creciente concentración en el sector de la inteligencia artificial (IA) podría intensificarse debido a la ciberseguridad, según el reciente caso de Claude Mythos. Este modelo de IA tiene la capacidad de identificar vulnerabilidades complejas, pero también incrementa el riesgo de que sean explotadas, lo que podría llevar a muchas empresas a depender aún más de las grandes tecnológicas para su protección.
La cadena de valor de la IA se estructura en cuatro capas: infraestructura física, datos, modelos y aplicaciones. La primera capa incluye elementos como semiconductores, centros de datos y redes, mientras que la segunda se centra en la gestión de datos. Los modelos abarcan el entrenamiento y la actualización, y la última capa se refiere a cómo la IA se distribuye a empresas y ciudadanos. Cada una de estas capas presenta dinámicas de concentración que varían por razones específicas.
En el ámbito de la infraestructura, la nube es dominada por unos pocos actores, y la dependencia de Nvidia para chips avanzados de IA resalta la concentración en el diseño de hardware. La necesidad de recursos como energía y permisos para los centros de datos también favorece la consolidación en este sector, planteando preguntas sobre la concentración en la IA y sus implicaciones para el mercado.