El sector de los centros de datos ha evolucionado de ser una mera inversión inmobiliaria a convertirse en un pilar fundamental de la economía digital. Estos centros, que antes se limitaban a almacenar servidores, ahora son esenciales para la infraestructura que soporta la nube, la inteligencia artificial, la banca digital, la sanidad y la Administración pública. En este contexto, se han convertido en proyectos industriales que requieren una inversión significativa en capital, así como en obra civil, ingeniería eléctrica, sistemas de refrigeración, fibra óptica y operación continua.
En 2025, Francia lanzó compromisos privados que alcanzan los 109.000 millones de euros para el desarrollo de proyectos de inteligencia artificial, centrando gran parte de esta inversión en infraestructuras. Este país ha identificado múltiples ubicaciones preparadas para centros de datos, con procesos administrativos simplificados y acceso a electricidad abundante, estable y descarbonizada. Por su parte, Portugal ha tomado medidas para competir con España en la atracción de inversiones similares, aprobando un Plan Nacional de Centros de Datos que busca posicionar al país como un hub europeo para estas infraestructuras.
A pesar de las oportunidades que presentan, los centros de datos también plantean desafíos significativos. El uso intensivo de recursos como suelo, electricidad, agua y capacidad de red puede limitar la disponibilidad de estos para otras actividades. Por ejemplo, los dos nuevos centros de datos que se están construyendo en Extremadura, cada uno con una capacidad de aproximadamente un gigavatio, más que duplicarían la capacidad comercial instalada en España para finales de 2025.
Además, el modelo de negocio de los centros de datos tiende a concentrar sus mayores beneficios en componentes como chips y servicios en la nube e inteligencia artificial, que son dominados por un pequeño número de multinacionales. Estas empresas, a menudo, no reinvierten en la economía local, lo que limita el beneficio directo que las comunidades pueden obtener de estas instalaciones. Por lo tanto, el valor que se puede capturar en los territorios se encuentra en las actividades vinculadas a la construcción y a los servicios locales asociados a estos centros.
Las inversiones en centros de datos no solo tienen el potencial de desarrollar talento y proveedores exportables, sino que también pueden mejorar la posición de un país en la economía digital de Europa. Este contexto de competencia por atraer inversiones en infraestructuras digitales resalta la importancia de las políticas nacionales que faciliten la llegada y el desarrollo de estos proyectos.
Contexto: En los últimos años, la digitalización ha cobrado impulso en España, impulsada por la pandemia y la creciente demanda de servicios digitales. El sector tecnológico se ha visto beneficiado por políticas de inversión del Gobierno, que busca posicionar al país como un líder en la economía digital europea. Con un mercado que abarca desde la banca hasta la sanidad, la capacidad de atraer y retener inversiones en centros de datos es crucial para el crecimiento económico y la sostenibilidad del país en el futuro.