Las autoridades chinas han implementado nuevas regulaciones que prohíben a los fabricantes de automóviles vender vehículos a precios inferiores a su coste total de producción. Esta decisión busca frenar la guerra de precios que ha afectado gravemente a la industria, provocando una disminución del 20% en las ventas durante el primer mes del año debido a cambios en los incentivos de compra.
De acuerdo con las directrices publicadas, las empresas no podrán fijar precios por debajo de los costos que incluyen gastos de planta, administrativos y de ventas. La medida cierra una laguna legal que había permitido prácticas agresivas en el mercado, generando temor por la competencia desleal entre los actores del sector. Además, se prohíbe la fijación de precios entre fabricantes y proveedores, así como que las marcas obliguen a concesionarios a realizar ventas con pérdidas.
La guerra de precios ha causado pérdidas significativas, alcanzando los 57.000 millones de euros en valor de producción en los últimos tres años, según datos de la asociación de concesionarios chinos. Esta situación ha beneficiado a grandes empresas como BYD y Tesla, mientras que los fabricantes más pequeños enfrentan serios desafíos para sobrevivir en un entorno tan competitivo.