El debate sobre la necesidad de un "campo de juego nivelado" en el comercio internacional ha cobrado relevancia, especialmente en el contexto del libre comercio. La idea de que los productores nacionales deben competir en igualdad de condiciones con los extranjeros surge de una aparente búsqueda de justicia, pero en realidad plantea un desafío significativo para la teoría económica.
La teoría ricardiana de la ventaja comparativa sostiene que el comercio se basa en la heterogeneidad entre naciones, no en la equivalencia de cargas impositivas o normativas. Si todos los países tuvieran estructuras de costes idénticas, el comercio perdería su razón de ser. Las diferencias en regulaciones, como las laborales o ambientales, son parte de las circunstancias productivas específicas y no distorsiones del mercado.
Además, el concepto de "dumping social" es cuestionado, ya que sugiere que los países con salarios bajos compiten deslealmente. Sin embargo, el salario real está vinculado a la productividad marginal, lo que significa que las economías avanzadas tienen remuneraciones más altas debido a su capital y tecnología. En contraste, las economías emergentes utilizan salarios bajos como estrategia para integrarse en el mercado global.