La inteligencia artificial (IA) ha transformado el panorama digital, con estimaciones que indican que aproximadamente el 50% del contenido en internet es generado por esta tecnología. Este fenómeno ha llevado a que la palabra "slop", que se traduce como basura, haya sido seleccionada como la más relevante en el diccionario Merriam-Webster en el último año, reflejando la preocupación por la calidad de la información disponible.
Desde el lanzamiento del GPT-5 por Open AI en agosto de 2025, la adopción de la IA generativa ha superado a tecnologías anteriores, incluso a los teléfonos móviles. Sin embargo, el desarrollo de esta tecnología requiere inversiones inmensas, con empresas como Meta, Google, Microsoft y Amazon proyectando gastos de 340.000 millones de dólares en centros de datos para este año. Estos centros son cruciales para la reindustrialización, pero también implican un considerable consumo de recursos como energía y agua, lo que ha suscitado preocupaciones sobre la sostenibilidad del sector.
A pesar de la velocidad de la innovación, persiste una falta de claridad sobre el uso y consumo de energía en estos procesos. La opacidad actual en la industria tecnológica plantea interrogantes sobre la posibilidad de que estemos ante una burbuja de IA, con expertos advirtiendo sobre el riesgo de una eventual explosión de esta burbuja en el futuro.