La administración de Donald Trump está considerando la posibilidad de que empresas estadounidenses accedan a los vastos recursos petroleros de Venezuela, lo que podría tener repercusiones significativas en la política energética de Estados Unidos. Este interés no se limita únicamente al crudo, sino que también abarca la exploración de minerales críticos en el país latinoamericano, que son vitales para la defensa y la tecnología estadounidenses.
Expertos indican que Venezuela podría albergar grandes reservas no verificadas de tierras raras, necesarias para diversas industrias. Sin embargo, la falta de datos fiables y la presencia de grupos armados complican la viabilidad de estas operaciones. Además, la minería intensiva en energía podría tener importantes efectos ambientales.
Otro desafío radica en el procesamiento de estos minerales, ya que más del 90% de la refinación de tierras raras se concentra en China. Esta situación ha generado tensiones comerciales entre Washington y Pekín, evidenciando la fragilidad de las cadenas de suministro de Estados Unidos. La capacidad de nuevos yacimientos en Venezuela para contribuir a la resiliencia estratégica del país en el corto plazo es, por lo tanto, cuestionable.