China ha comenzado a implementar un enfoque innovador en el desarrollo de inteligencia artificial, utilizando superordenadores exclusivamente basados en CPU. Este movimiento es una respuesta a las restricciones impuestas por Estados Unidos, que limitan el acceso a GPU avanzadas necesarias para sistemas de IA eficientes.
Un ejemplo destacado de esta estrategia es el superordenador LineShine, desarrollado por el National Supercomputing Center de Shenzhen. Este sistema, que no utiliza ninguna GPU, está compuesto por 47.000 CPU distribuidas en 92 armarios de computación, lo que le permite manejar cargas de trabajo tanto de computación de alto rendimiento como de inteligencia artificial.
El procesador clave para esta infraestructura es el LX2, un chip Armv9 optimizado para tareas de IA. Cada CPU del LX2 incluye dos chiplets y un total de 304 núcleos, organizados en ocho clústeres, lo que permite un rendimiento notable en este ámbito. Esta iniciativa refleja una adaptación tecnológica condicionada por el contexto geopolítico actual.