La reciente incursión de un dron militar chino en el espacio aéreo de Taiwán marca un nuevo nivel en las tensiones entre ambos países. El aparato, un WZ-7 de reconocimiento, realizó una breve entrada en el atolón Pratas/Dongsha, controlado por Taiwán, durante tan solo cuatro minutos, eludiendo las defensas locales.
Esta acción, que se produce en un contexto de creciente presión militar, subraya la vulnerabilidad de Pratas, situado a aproximadamente 400 kilómetros al sur de Taiwán. La isla cuenta con defensas limitadas, principalmente sistemas de corto alcance, incapaces de hacer frente a un dron a gran altitud. La incursión no solo desafía la soberanía taiwanesa, sino que también podría establecer un precedente para futuras violaciones sin respuesta de Taiwán.
El comportamiento de Pekín sugiere una estrategia de escalada controlada, donde el objetivo es normalizar estas incursiones y forzar a Taiwán a aceptar la situación como rutina. De continuar estas acciones, Taiwán se enfrenta a una difícil decisión sobre cómo responder a futuras provocaciones, lo que podría aumentar la tensión en la región.