La política de Donald Trump ha generado un notable impacto en la percepción internacional de Estados Unidos, revelando un costo reputacional significativo. Recientes acontecimientos en Minneapolis han llevado a la sociedad civil a movilizarse, con figuras como Bruce Springsteen liderando un movimiento que se expande por todo el país. Este resurgimiento de la acción cívica recuerda la presión ejercida por la sociedad en 1973 para finalizar la guerra de Vietnam, sugiriendo que podría influir en las próximas elecciones de medio mandato.
Paralelamente, las políticas de Trump han forzado a Europa a replantearse sus relaciones internacionales. La administración estadounidense ha utilizado aranceles y tácticas agresivas que han llevado a la Unión Europea a buscar nuevos aliados, como India y Mercosur. Este cambio refleja una necesidad de autosuficiencia, ya que las amenazas sobre territorios como Groenlandia han resaltado la vulnerabilidad de las alianzas tradicionales.
Irónicamente, la gestión de Trump ha catalizado la unidad europea, impulsando una consolidación que no se había visto desde la creación del euro. La situación actual podría ofrecer a Europa la oportunidad de fortalecer sus lazos internos, especialmente a la luz de la disminución del apoyo británico al Brexit.