Las compañías han anunciado un aumento significativo en sus inversiones de capital (capex), aunque hasta ahora este movimiento no se ha traducido en un incremento de la inflación. La situación actual muestra que no se está presentando la sobrecapacidad que caracterizó otras burbujas económicas pasadas. Sin embargo, la inflación impulsada por la inversión en inteligencia artificial se perfila como un riesgo estructural para 2026.
Carlos del Campo ha señalado que en el contexto de la renta variable, se ha optado por reducir la exposición a activos inflacionarios como el inmobiliario cotizado y las pequeñas empresas americanas. En su lugar, se están priorizando inversiones en sectores con mayor potencial de crecimiento, especialmente aquellos vinculados a la tecnología y la energía, donde se anticipa un posible cuello de botella.
En cuanto a la asignación de activos, el enfoque ha sido diversificar hacia activos monetarios que disminuyan la volatilidad de las carteras, considerando también la posibilidad de incluir activos alternativos. La visión macroeconómica se mantiene cautelosa, reconociendo que, aunque hay nichos de inflación en sectores específicos como los semiconductores, la tendencia general de la tecnología es considerada deflacionaria a largo plazo.