Las finanzas sostenibles se han consolidado como un elemento clave para la competitividad empresarial, impulsando la transformación hacia un crecimiento que respete el medio ambiente y fomente la cohesión social. En el marco de la Semana de la Educación Financiera, se destaca que la sostenibilidad es ahora parte integral de la estrategia empresarial, más que un mero complemento.
La Unión Europea define las finanzas sostenibles como la integración de criterios ambientales, sociales y de buen gobierno (ASG) en las decisiones de inversión. Este enfoque busca movilizar capital hacia proyectos que no solo generen rentabilidad, sino que también mitiguen los efectos del cambio climático y promuevan la economía circular.
Para evitar el fenómeno del greenwashing, se ha establecido la Taxonomía de la UE, que proporciona un marco para determinar qué actividades son realmente sostenibles. Esta taxonomía exige que las inversiones contribuyan de manera significativa a objetivos medioambientales, sin causar daños importantes a otros aspectos sociales o ecológicos.
Así, las finanzas sostenibles no solo ayudan a las empresas a gestionar riesgos, sino que también les permiten acceder a capital en condiciones más favorables, asegurando un crecimiento económico que sea duradero y legítimo.