La regulación del alquiler en España se presenta como una medida destinada a proteger a los inquilinos y controlar los precios, aunque su aplicación podría tener efectos adversos. La experiencia en ciudades como Nueva York, Londres y Berlín revela que tales políticas pueden resultar en la expulsión de pequeños propietarios y la consolidación del mercado en manos de grandes inversores.
En Nueva York, los controles de renta, establecidos tras la Primera Guerra Mundial, condujeron a la congelación de precios, lo que provocó que muchos propietarios se deshicieran de sus propiedades. Años más tarde, en los años setenta, grandes fondos corporativos adquirieron edificios a precios reducidos, alterando la dinámica del mercado. Un patrón similar se observó en Londres, donde la eliminación de los controles en 1988 permitió a corporaciones ocupar el espacio dejado por propietarios particulares.
El caso de Berlín también ilustra esta tendencia, donde la introducción del Mietendeckel en 2020 resultó en una disminución de la oferta y una mayor concentración en el mercado tras la anulación de la ley. En Estocolmo y San Francisco, se han registrado resultados análogos, evidenciando que los controles rígidos a menudo generan escasez y mercados paralelos, afectando a los pequeños propietarios y beneficiando a grandes capitales.