El sector financiero enfrenta un creciente escrutinio sobre la necesidad de adoptar prácticas éticas en su funcionamiento. Según el análisis de expertos, como Joan Ramón Sanchís, es crucial diferenciar entre la ética bancaria y las finanzas éticas, ya que representan dos enfoques distintos en la gestión financiera.
La ética bancaria se centra en la reputación de las instituciones y en la implementación de políticas de responsabilidad social, lo que a su vez puede mejorar los resultados económicos. Este enfoque tiene como objetivo controlar prácticas como el blanqueo de capitales y el fraude fiscal, que pueden llevar a quiebras y problemas para los clientes.
Por otro lado, las finanzas éticas abordan cuestiones como el derecho al crédito, buscando promover la inclusión financiera y combatir el sobreendeudamiento, facilitando el acceso a productos financieros básicos. Este enfoque se orienta a mitigar la exclusión financiera y a mejorar la situación de los más desfavorecidos.