Desde la implementación de los aranceles por parte de la Administración Trump, España ha visto una caída de 800 millones de euros en sus exportaciones hacia Estados Unidos. Este cambio en la política comercial busca penalizar a los países exportadores, aunque el impacto económico recae principalmente en los importadores locales y, eventualmente, en los consumidores estadounidenses.
Los aranceles actúan como un impuesto sobre los bienes que se importan, encareciendo automáticamente los productos una vez que llegan a la aduana. Este aumento de precios provoca que los importadores busquen alternativas más competitivas en otros mercados, afectando aún más a los exportadores que enfrentan mayores dificultades para mantener su cuota en el mercado estadounidense.
En este contexto, los importadores son los que asumen el costo de los aranceles en el momento de recibir la mercancía. Este escenario genera un efecto dominó que puede perjudicar tanto a las empresas importadoras como a los consumidores, quienes deben afrontar precios más altos por los productos importados.