La creciente problemática de la ropa de segunda mano ha generado preocupaciones sobre su impacto ambiental en diversos países. Raúl González Miguel, representante de la Asociación de Moda Ética y Sostenible (Ames), señala que la calidad deficiente y la cantidad excesiva de prendas han convertido este sector en un desafío para las comunidades locales, que no pueden gestionar adecuadamente los residuos textiles. Ghana, que recibe unas 15 millones de prendas usadas semanalmente, es uno de los principales afectados por esta situación, aunque la denuncia se extiende a otros países que también son receptores de basura textil.
Según datos recientes, India se posiciona como el principal receptor mundial de ropa usada, absorbiendo el 15,4% del total. Otros países que siguen en esta lista son Malasia, Kenia y Pakistán, que reciben 5,5%, 5% y 4,7% respectivamente. Sin embargo, cuando se analiza el volumen de residuos en función de la población, Guatemala lidera el ránking con 7,48 kg de ropa usada por persona al año, seguido por Malasia con 6,05 kg, Chile con 5,46 kg y Ghana con 3,86 kg.
Bastián Barria Acevedo, cofundador de la ONG Desierto Vestido, lamenta que Chile sea el tercer importador mundial de residuos textiles per cápita. A pesar de que es legal la importación de contenedores con ropa usada, solo un 20% o 30% de las prendas se venden, el resto termina en vertederos o quemado en el desierto, un proceso que carece de transparencia. Barria critica que esta situación se repita a diario, con montículos de ropa ardiendo.
La Unión Europea también juega un papel crucial en esta dinámica, siendo el mayor exportador de textiles usados, con un 33% de las exportaciones globales. A menudo, la ropa que se comercializa internacionalmente proviene de donaciones realizadas por ciudadanos o de sistemas de recolección gestionados por entidades municipales, privadas y ONGs. Sin embargo, el informe "Chile en el circuito global de la ropa usada" advierte que estas donaciones, que la población europea suele ver como actos de caridad, en realidad alimentan cadenas de valor comerciales establecidas.
Este panorama revela la complejidad del comercio de ropa usada y su impacto en países en desarrollo, donde las comunidades enfrentan un creciente desafío en la gestión de residuos textiles. La situación exige una revisión crítica de las prácticas actuales de importación y exportación, así como una mayor transparencia en el manejo de la ropa de segunda mano.
Contexto: La crisis ambiental derivada de la industria textil ha llevado a un creciente debate sobre la sostenibilidad y el comercio justo. En España, el sector de la moda sigue siendo un pilar económico importante, con un gran número de empresas involucradas en la producción y distribución de prendas. La creciente preocupación por el impacto ambiental de la moda ha impulsado iniciativas para promover el consumo responsable y la economía circular, destacando la necesidad de un cambio en los hábitos de consumo y en la gestión de residuos textiles.