Los precios de los televisores han experimentado una caída notable en las últimas décadas, convirtiéndose en uno de los productos de consumo más asequibles. A pesar de la creciente competencia en el sector tecnológico y el aumento de precios de otros dispositivos, como las consolas PS5 y Xbox Series, el coste de los televisores LCD ha permanecido sorprendentemente bajo.
Un televisor de 65 pulgadas puede adquirirse actualmente por tan solo 400 €, lo que contrasta con el precio de un televisor LCD de 20 pulgadas que costaba 800 $ en 2003. A pesar de las crisis globales, como la escasez de chips y la guerra en Ucrania, los precios de los televisores han continuado su descenso, haciendo que incluso los modelos más grandes sean más accesibles para los consumidores.
Este fenómeno se atribuye en parte a un "pacto suicida" en la industria del vidrio, lo que ha permitido que los precios de los televisores se mantengan competitivos. Mientras que otros productos, como coches y alimentos, han visto incrementos en sus precios, los televisores han seguido siendo una opción atractiva para los compradores.