Treinta años después de su debut en Japón, el Tamagotchi sigue siendo un referente en el mundo de los juguetes, atrayendo tanto a quienes lo conocieron en su infancia como a nuevas generaciones. Este dispositivo, con su diseño en forma de huevo y su limitada pantalla, ha logrado mantenerse relevante gracias a las continuas actualizaciones de Bandai.
El Tamagotchi no solo es un juguete, sino que establece una relación única con el usuario. A diferencia de otros dispositivos, no se utiliza a voluntad, sino que requiere atención constante, lo que implica cuidar y atender a la criatura digital sin posibilidad de pausa. Esta mecánica anticipó lo que hoy se conoce como "economía de la atención", estableciendo un vínculo que va más allá del simple entretenimiento.
Su diseño funcional permite a los usuarios interactuar de manera sencilla, sin necesidad de complicadas reglas o finales definidos. La experiencia se centra en el cuidado y la convivencia con el sistema, lo que ha permitido que el Tamagotchi se integre en la vida diaria de sus propietarios, convirtiéndose en un acompañante constante que exige atención a lo largo del día.