En Japón, aproximadamente el 30% de la población, es decir, unos 36 millones de personas, tienen 65 años o más. Este fenómeno refleja una crisis demográfica que afecta a toda la región del noreste asiático, incluyendo a Corea del Sur y China, donde las tasas de natalidad son alarmantemente bajas.
Las consecuencias de este envejecimiento son evidentes, con un aumento en la soledad entre los ancianos. En la cárcel de Fuchu, la más grande de Japón, uno de cada cinco reclusos es mayor de 65 años, muchos de los cuales regresan a la delincuencia tras cumplir sus condenas debido a la falta de apoyo familiar y social. Tachi, una voluntaria de una ONG, destaca que muchos vuelven a casas vacías, enfrentando una vida de aislamiento.
En Corea del Sur, empresas han surgido para limpiar apartamentos de ancianos que han fallecido solos, mientras que en China, los fabricantes de pañales han comenzado a producir versiones para adultos mayores, adaptándose a una creciente demanda. Este cambio, que se extiende también a la industria del entretenimiento para adultos en Japón, subraya la transformación de las dinámicas sociales y de mercado en Asia.