El informe de UBS destaca que el desarrollo de los mercados de capitales en Estados Unidos ha sido crucial para su crecimiento económico a lo largo de los últimos 250 años. Desde el Acuerdo de Buttonwood en 1792, que sentó las bases de Wall Street, hasta la movilización de capital para la red ferroviaria en el siglo XIX, el país ha demostrado una notable capacidad para asumir riesgos y fomentar la innovación.
Las estadísticas de Bank of America muestran que las acciones estadounidenses han logrado una rentabilidad total anualizada del 8,7%, mientras que el crecimiento del PIB nominal ha sido del 6,0% y la inflación se ha mantenido en un 2,5%. Este contexto económico se ha visto influenciado por la inmigración masiva, que proporcionó la mano de obra necesaria para la industrialización, y la creación de fondos de pensiones en los años 50.
A pesar de las crisis, como la del colapso de 1929, la economía estadounidense ha sabido adaptarse. Las regulaciones posteriores, como las del New Deal en 1933 y la creación de la SEC, han fortalecido el sistema financiero. La consolidación del dólar tras el acuerdo de Bretton Woods en 1944 ha sido otro pilar fundamental en el ascenso de la economía estadounidense.