El Ibex-35 sufrió una caída del 2,1% durante la jornada del jueves, descendiendo por debajo de los 19.000 puntos y arrastrado por la banca y el panorama geopolítico, mientras el precio del crudo se situaba en 111 dólares por barril. La prima de riesgo de Francia alcanzó los 175 puntos, y el rendimiento del bono a diez años se elevó al 5,1%, el nivel más alto desde 2002. Este contexto generó un ambiente de pesimismo en los mercados internacionales, que se tradujo en pérdidas significativas en las principales Bolsas europeas.
El sector bancario lideró las caídas en el Ibex-35, con Bankinter sufriendo una de las mayores pérdidas al caer un 7,6% tras presentar resultados que no cumplieron con las expectativas del mercado. Otras entidades también se vieron afectadas: Caixabank descendió un 5,7%, Banco Sabadell un 4,1% y Banco Santander un 3,6%. Este sector, que posee más de 20.000 millones en deuda francesa, está sufriendo las consecuencias del temor a una potencial crisis en el país vecino.
La caída del Ibex-35 se enmarcó dentro de un contexto más amplio, donde el CAC-40 de París cayó un 1,4%, también afectado por las pérdidas en el sector bancario francés. A su vez, la Bolsa de Milán se hundió un 2,5%, mientras que el índice europeo Euro Stoxx 50 perdió un 2%. La Bolsa de Londres fue la menos afectada, con una leve caída de 0,3%.
El aumento en el precio del crudo, que repuntó un 2% al cierre de los mercados europeos, coincide con el incremento de los ataques de los hutíes de Yemen contra Arabia Saudí. Estos ataques han generado inquietud en los mercados debido al riesgo de interrupciones en el tráfico del estrecho de Ormuz, a pesar de que se ha observado cierta recuperación del tráfico marítimo en el golfo Pérsico. La situación actual ha creado un clima de volatilidad que podría afectar aún más la estabilidad de los mercados globales.
Contexto: La economía española se enfrenta a una serie de desafíos, entre ellos el impacto del aumento de precios del crudo y la incertidumbre sobre la situación económica en Francia, que ha llevado a un aumento en la prima de riesgo. En este contexto, el Banco Central Europeo ha estado vigilando de cerca la situación, mientras que la Hacienda española ha implementado medidas para mitigar los efectos de la inflación en la economía nacional. La situación actual es crítica para las entidades financieras, que deben gestionar tanto la deuda como la confianza del mercado en un entorno global complejo.