La reciente subida de los tipos de interés se ha convertido en un factor clave en la economía, afectando tanto a hipotecas como a préstamos y ahorros. Según Natalia de Santiago, experta en economía, el aumento de estos tipos busca controlar la inflación, la cual se mide a través de la variación de precios en bienes y servicios.
La inflación ha sido impulsada por problemas en la oferta, como el encarecimiento del gas y las dificultades en las cadenas de suministro. Aunque el Banco Central Europeo no puede actuar sobre estos factores externos, utiliza los tipos de interés como herramienta para gestionar la demanda. Al incrementar los tipos, el coste del crédito aumenta, lo que reduce la capacidad de gasto de familias y empresas, moderando así el consumo y la presión sobre los precios.
Además, el encarecimiento de los préstamos limita la solicitud de créditos, lo que puede afectar negativamente la compra de viviendas y bienes de alto valor. Sin embargo, esta misma situación puede favorecer el ahorro, ya que los depósitos generan mayor rentabilidad en un contexto de tipos elevados. De Santiago también destaca la importancia de las expectativas económicas, que pueden influir en las decisiones financieras de consumidores y empresas.