La supervisión bancaria del Banco Central Europeo (BCE) se enfrenta a crecientes complejidades, lo que ha llevado a un aumento en los costos asociados a su vigilancia. Para el año 2025, se prevé que los gastos asciendan a 690 millones de euros, con un 95% de esta carga soportada por las entidades significativas, que son las más grandes y bajo la supervisión directa del BCE.
Actualmente, el BCE supervisa a 112 entidades que contribuyen con tasas que suman 659 millones de euros. Cada banco, en promedio, paga cerca de seis millones de euros para cubrir estas funciones de supervisión, aunque el monto exacto depende de su tamaño y riesgo. Las entidades menos significativas, supervisadas por bancos centrales nacionales, aportan 31 millones de euros en total.
Este incremento en los gastos se debe a la implementación de pruebas de resistencia a nivel europeo, al nuevo enfoque en la ciberseguridad y a la inversión en tecnología para mejorar la supervisión. Ante esta situación, se ha comenzado a discutir la necesidad de un nuevo mediador independiente que desafíe las decisiones del BCE, a medida que Bruselas considera acelerar una reforma bancaria.