La capitalización bursátil de los bancos europeos muestra una clara desventaja frente a sus homólogos estadounidenses, quienes han mantenido retornos sobre capital más altos durante años. Esta situación ha llevado a ciertos banqueros a cuestionar la necesidad de una consolidación paneuropea para competir con el sector bancario de Estados Unidos. Según un banquero con experiencia en múltiples crisis, el problema de la banca europea no radica en su tamaño, sino en su baja rentabilidad estructural.
El Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo han señalado que las barreras internas del mercado único en Europa equivalen a aranceles del 50% para bienes y del 100% para servicios, lo que dificulta la creación de un verdadero mercado único. Esta fragmentación se traduce en que las fusiones entre bancos de diferentes países no solo no resuelven los problemas de rentabilidad, sino que pueden multiplicar las fricciones existentes.
Las experiencias de fusiones transfronterizas exitosas han sido limitadas, destacando casos como la opa de Caixabank sobre el portugués BPI. Sin embargo, estas operaciones suelen ocurrir entre países cercanos, donde las diferencias culturales y regulatorias son menos pronunciadas, lo que resalta la complejidad del panorama bancario europeo.