Andy Burnham ha comenzado su mandato como nuevo primer ministro del Reino Unido tras asumir el cargo el 20 de julio, sucediendo a Keir Starmer. Con esta transición, se convierte en el séptimo jefe de Gobierno británico en poco más de diez años. Una de sus principales decisiones iniciales ha sido la remodelación del Ejecutivo, la cual incluye el nombramiento de John Healey como nuevo ministro de Hacienda.
La agenda del nuevo Gobierno se centra en varios temas cruciales, entre los que se destacan la industria, la vivienda, los servicios públicos y, especialmente, el coste de la vida. Burnham también ha manifestado la intención de transferir más competencias fiscales y administrativas a los territorios, aunque esta ambiciosa propuesta se enfrenta a desafíos significativos, como una economía debilitada, una elevada deuda y unos costes de financiación que son exigentes.
En cuanto a los mercados, la reacción ha sido relativamente tranquila hasta el momento. Luca Simoncelli, estratega de inversión de Invesco, ha señalado que hay un enfoque en la industrialización, la descentralización fiscal y el fortalecimiento de los servicios públicos. Según él, tanto los gilts como la libra muestran una estabilidad que refleja la confianza del mercado en el nuevo liderazgo.
Por su parte, Thorsten Schrieber, del consejo de administración de ACATIS, ha minimizado el impacto del cambio de liderazgo, indicando que los mercados conceden un peso limitado a las personalidades políticas, priorizando más bien la credibilidad de las políticas implementadas. Sin embargo, Burnham asume el cargo en un contexto de productividad estancada y circunstancias presupuestarias restrictivas, lo que plantea un reto considerable para su administración.
El nombramiento de Healey es significativo, dado que este político ya ocupó el cargo de ministro de Defensa y tiene experiencia en el Tesoro durante el Gobierno de Tony Blair. A pesar de pertenecer al ala moderada del Partido Laborista, su postura sobre la defensa ha suscitado incertidumbres, especialmente tras su reciente renuncia. Lizzy Galbraith, economista política sénior de Aberdeen Investments, ha recordado que Healey dimitió el mes pasado sin conseguir un acuerdo para elevar el gasto militar al 3% del PIB antes de 2030.
La llegada de Healey al ministerio no ha generado inquietud inmediata en los mercados, aunque sí ha elevado las expectativas sobre posibles compromisos presupuestarios. Kevin Thozet, miembro del comité de inversiones de Carmignac, ha coincidido en que la salida de Healey del anterior Gobierno podría alimentar preocupaciones sobre un aumento del gasto público.
Contexto: El Reino Unido ha estado lidiando con una economía complicada, marcada por el impacto de la pandemia y el aumento de los precios de la energía. El nuevo Gobierno de Burnham heredará una situación de incertidumbre económica y una deuda pública que supera los 2 billones de euros. La capacidad del Gobierno para abordar estos desafíos será crucial para la estabilidad económica en los próximos años, especialmente en un contexto donde los mercados globales continúan siendo volátiles.