En España, la cuña fiscal para los trabajadores con salarios medios ha alcanzado cifras alarmantes en 2026, con el estado apropiándose de más de 41 céntimos de cada euro generado. Para aquellos con ingresos superiores a 50.000 euros brutos, la carga fiscal supera el 46%. Este fenómeno se agrava en la base máxima de cotización, donde la cuña fiscal roza el 47,9%.
Un caso notable es el de un trabajador con un salario bruto de 80.000 euros, cuyo coste total para la empresa asciende a casi 100.000 euros anuales, mientras que el ingreso neto apenas llega a 52.844 euros. Esto significa que casi la mitad del coste de su contratación no se traduce en su salario, quedando absorbido por el sistema fiscal.
Este panorama desincentiva la contratación, especialmente de perfiles menos cualificados y contratos a tiempo parcial, que son los que más necesitan acceder al mercado laboral. Además, las subidas salariales se ven igualmente afectadas, dado que cualquier incremento en el salario bruto implica un aumento significativo en las cotizaciones que deben asumir las empresas.