El fenómeno de la economía emocional ha evolucionado rápidamente, convirtiéndose en un motor de consumo que podría superar los 650.000 millones de euros, equivalentes a 4,5 billones de yuanes, en los próximos años. Esta tendencia se manifiesta en un contexto de desaceleración general del consumo, donde las decisiones de compra están cada vez más influenciadas por componentes emocionales en lugar de racionales.
Ashley Dudarenok, fundadora de la consultora ChoZan, subraya que los consumidores no se limitan a adquirir productos, sino que buscan experiencias que aporten significado personal, como sentimientos de identidad y conexión. Ejemplos de este fenómeno se observan en la preferencia de los jóvenes por artículos de diseño y experiencias de ocio, que, aunque a veces puedan parecer poco prácticas, tienen un alto valor emocional.
Las celebraciones como el Año Nuevo chino evidencian este cambio, ya que se ha reducido el gasto en productos tradicionales en favor de inversiones en viajes y artículos personalizados. Además, sectores como el entretenimiento, la cosmética y los productos de bienestar están viendo un crecimiento notable, impulsado por una búsqueda de experiencias memorables que ofrezcan desconexión en un entorno competitivo.