La administración de Donald Trump ha asumido un papel clave en la reactivación del sector petrolero venezolano tras la captura de Nicolás Maduro. Repsol, bajo la dirección de su CEO Josu Jon Imaz, ha sido invitada a una reunión en la Casa Blanca donde se discutirá la necesidad de inversiones por valor de 100.000 millones de dólares para revitalizar esta industria en crisis.
La empresa busca obtener licencias para reiniciar la exportación de crudo, actividad que se detuvo debido a un embargo comercial en marzo de 2025. Durante el encuentro, Trump enfatizó la importancia de que las petroleras, como Repsol, transformen sus activos en Venezuela en producción tangible, con el objetivo de triplicar su producción de barriles diarios, pasando de 45.000 a 135.000 en tres años.
Sin embargo, Repsol enfrenta retos significativos debido a la calidad del crudo venezolano y la necesidad de crear infraestructura adecuada, como plantas de licuefacción, para que el gas natural que producen sea rentable y exportable. La compañía ha estado presente en el país desde 1993 y su actividad es vital para el suministro eléctrico de Venezuela, donde el 90% de su producción en el yacimiento La Perla es gas natural.