La Comisión Europea está llevando a cabo una revisión de sus directrices de competencia, con el objetivo de facilitar la creación de grandes empresas en Europa. Esta iniciativa surge ante la necesidad de que la región recupere su competitividad a nivel global en un entorno marcado por la innovación y la tecnología, especialmente en comparación con Estados Unidos y China.
Según Teresa Ribera, vicepresidenta ejecutiva para una Transición Limpia, Justa y Competitiva, la evaluación de las fusiones podría ampliarse en el tiempo, superando el enfoque tradicional de centrarse en los precios a corto plazo. Este cambio en la normativa podría ser el más significativo desde hace más de dos décadas, cuando se establecieron las pautas actuales. La revisión se produce en un contexto de tensiones geopolíticas y una creciente competencia tecnológica.
A pesar de que la Comisión Europea sostiene que el 95% de las operaciones corporativas se autorizan sin problemas, el nuevo enfoque busca valorar más profundamente los beneficios y riesgos a largo plazo de las concentraciones empresariales. Esta transformación está diseñada para adaptarse a las nuevas realidades del mercado y asegurar que la competencia en el mercado interior no se vea distorsionada.