La situación en Indra ha generado incertidumbre sobre el futuro del modelo de gran empresa en la industria de defensa en España. La compañía se enfrenta a un rechazo por parte del Gobierno a la integración de su presidente, Ángel Escribano, lo que ha suscitado un debate sobre la creación de un campeón nacional que alcance 10.000 millones de euros en facturación para 2030, en contraposición a la opción de desarrollar múltiples empresas medianas con un alto valor añadido.
Se estima que Indra podría alcanzar unos ingresos de 7.000 millones de euros en 2028, sin embargo, la guerra interna entre la SEPI y Escribano está ralentizando la implementación de sus planes. La empresa había proyectado inversiones de 400 millones de euros para establecer cinco nuevos centros industriales, lo que la posicionaría como un actor clave en el sector.
Actualmente, España cuenta con 56 Programas Especiales de Modernización en defensa, que suman más de 64.500 millones de euros hasta 2040. La nueva dirección de la estrategia sugiere que podría ser más beneficioso potenciar las capacidades de empresas ya establecidas en el país, como Airbus y Navantia, en lugar de realizar inversiones excesivamente arriesgadas.