El reciente accidente en Adamuz ha resultado en 45 muertes, evidenciando la grave situación de seguridad en el transporte. Este trágico suceso no se debe a un simple "destino" o a un capricho estadístico, sino a una falta sistemática de mantenimiento en la infraestructura. La tendencia de priorizar la operatividad sobre la seguridad se ha vuelto preocupante, revelando la ineficiencia de un enfoque que ignora los problemas subyacentes hasta que es demasiado tarde.
La cultura de la entrega y el cumplimiento de objetivos a corto plazo ha llevado a una negligencia en el mantenimiento, considerado un gasto innecesario por muchos directivos. La obsesión por mostrar resultados inmediatos ha eclipsado la necesidad de una gestión responsable que priorice la seguridad. Este fenómeno no es nuevo; países como Rusia presentan una elevada siniestralidad aérea, a pesar de una flota que parece siempre lista para operar, lo que subraya los riesgos de ignorar el mantenimiento adecuado.
La falta de inversiones en seguridad puede tener consecuencias devastadoras, como se ha visto en este caso. La comunidad debe reflexionar sobre la importancia de asignar recursos a la infraestructura y la tecnología necesarias para prevenir futuros incidentes fatales.