El sector financiero se enfrenta a una creciente falta de profesionales que combinen habilidades técnicas y capacidades interpersonales, lo que ha llevado a una intensa competencia por el talento. Este fenómeno es crítico, ya que la gestión de las personas se ha convertido en una prioridad estratégica, comparable a la captación de activos y al desarrollo de productos.
Las entidades bancarias más grandes aprovechan su tamaño para implementar programas de formación y desarrollo que incluyen oportunidades internacionales. Por otro lado, las firmas independientes optan por involucrar a sus empleados en la propiedad y dirección de la empresa, lo que crea un fuerte alineamiento de intereses. Las instituciones internacionales, en cambio, destacan la importancia de una cultura organizativa sólida y la autonomía de los banqueros para fomentar la retención del talento.
A pesar de las diferentes estrategias, todas las organizaciones coinciden en que el bienestar del profesional es esencial para sus objetivos comerciales a largo plazo.