Las cajas rurales han logrado captar una porción significativa del mercado bancario en España, alcanzando un 10% de cuota de negocio. Este crecimiento se ha evidenciado en los beneficios acumulados, con las 43 cooperativas asociadas a Unacc generando 1.687 millones de euros en ganancias el año pasado, lo que representa un incremento del 7% en comparación con 2024 y un notable aumento del 270% en relación a hace ocho años.
Entre las más destacadas, se encuentra Cajamar, que reportó un beneficio de 349 millones de euros en el último ejercicio. Junto a otras cooperativas como Laboral Kutxa, Caja Rural de Navarra y Caja Rural del Sur, este sector ha demostrado ser rentable y resistente, a pesar de operar principalmente en mercados locales. En conjunto, estas entidades dan servicio a cerca de 10 millones de clientes.
El modelo cooperativo que utilizan les permite mantenerse al margen de los mercados financieros más volátiles, dependiendo principalmente de los depósitos de sus clientes. Este enfoque ha resultado en una gestión más sólida y menos arriesgada en comparación con las entidades bancarias cotizadas que han experimentado pérdidas significativas, como fue el caso del Banco Popular en 2017.
El sector de las cajas rurales ha sabido atraer a aquellos clientes que se sintieron desatendidos por los grandes bancos, especialmente en áreas rurales y pequeñas poblaciones. Esta dinámica ha permitido que entre el 30% y el 40% del mercado de banca de pequeñas y medianas empresas (pymes) no esté bajo el control de las seis principales entidades bancarias, sino que esté dominado por entidades como las cajas rurales.
En el ámbito regional, estas cooperativas han alcanzado posiciones de liderazgo en 12 de las 17 comunidades autónomas, posicionándose entre las cinco principales en regiones como el Principado de Asturias, donde destaca Caja Rural de Asturias, y en Canarias con Cajasiete. Asimismo, Cajamar tiene una presencia significativa en Andalucía, Murcia y la Comunidad Valenciana.
Contexto: El sector bancario español ha enfrentado diversos desafíos en la última década, incluidos cambios regulatorios y la presión económica derivada de la crisis global. A medida que los grandes bancos se han reestructurado y cerrado sucursales en áreas menos rentables, las cajas rurales han encontrado una oportunidad para crecer, ofreciendo servicios más personalizados y accesibles. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha resaltado la importancia de estas entidades en el mercado de pymes, destacando su papel en la financiación local y su capacidad para adaptarse a las necesidades de sus comunidades. Esta tendencia sugiere un futuro prometedor para el sector, que sigue consolidándose como una alternativa viable frente a la banca tradicional.