El 24 de noviembre de 2016 marcó un hito en la historia de Colombia con la firma del Acuerdo de Paz entre el Gobierno y las FARC, diseñado para transformar el panorama del narcotráfico y la violencia en el país. Sin embargo, un análisis reciente del Financial Times revela que, a casi diez años del acuerdo, la situación ha empeorado, con un aumento en las hectáreas dedicadas al cultivo de coca y un incremento en la producción de cocaína.
A pesar de las expectativas iniciales, el acuerdo no ha logrado erradicar el narcotráfico. En cambio, ha dado paso a una reconfiguración de las dinámicas delictivas en Colombia. Grupos armados que buscan beneficios económicos han tomado el relevo de las FARC, desplazando la ideología política por el interés lucrativo. Entre los actores más destacados se encuentran el Ejército de Liberación Nacional (ELN), antiguos miembros disidentes de las FARC y el Ejército Gaitanista, conocido como Clan del Golfo, considerado por algunos como la principal organización criminal del país.
La directora de la Fundación Ideas para la Paz, María Victoria Llorente, señala que el vacío dejado por las FARC ha sido ocupado por estas nuevas entidades, lo que ha fragmentado y especializado la cadena logística del narcotráfico, complicando aún más la lucha del Estado contra estas organizaciones.