Los activos alternativos están ganando terreno en las carteras de los inversores institucionales, marcando una tendencia notable en el ámbito de la inversión. A nivel global, el volumen de los mercados privados se aproxima a los 20 mil millones de euros, evidenciando la creciente penetración de estos fondos en el mercado, especialmente en España.
Este cambio se atribuye a tres fundamentos clave: la descorrelación de los mercados de renta variable, la previsibilidad de rentas y el acceso a sectores en crecimiento como la infraestructura digital y la transición energética. Estos elementos son cruciales en un contexto de alta volatilidad y cambios geopolíticos.
No obstante, los inversores deben tener en cuenta ciertos errores comunes al integrar estos activos en sus carteras. La planificación de la liquidez es esencial, ya que las inversiones suelen ser a largo plazo y las llamadas de capital deben coordinarse adecuadamente con la liquidez disponible. Asimismo, el sesgo de marca puede llevar a tomar decisiones basadas en la reputación de la gestora más que en un análisis exhaustivo de su rendimiento histórico.