El reciente estallido de hostilidades en Irán ha generado un impacto inmediato en los mercados, especialmente en el sector petrolero. Los analistas han identificado tres posibles escenarios: una guerra rápida, un conflicto prolongado o un cierre prolongado del estrecho de Ormuz. Ante esta incertidumbre, los gestores de fondos se están preparando para diversas eventualidades, aunque prefieren esperar el desenlace menos negativo.
Las caídas en Europa se han centrado en sectores como la automoción, que enfrenta desafíos por aranceles y la competencia de vehículos eléctricos chinos, así como en consumo, materiales, construcción y ocio. Sin embargo, las compañías petroleras, que se benefician de un aumento en los precios del petróleo, y el sector de defensa han visto un notable crecimiento desde la llegada de Trump al poder, con un aumento superior al 70% en Europa.
A pesar de la volatilidad del mercado, algunos gestores ven estas crisis como oportunidades de compra. No obstante, el pánico se ha apoderado de muchos inversores, quienes han experimentado pérdidas en activos que tradicionalmente ofrecían refugio, como acciones, bonos o incluso oro, como señala Gonzalo Recarte, director general de Cobas AM.